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Una visión general

Las preguntas eternas

Las preguntas filosóficas. No existe una definición única de filosofía. Suele pensarse que en filosofía de lo que se trata es de enfocar de forma ‘racional’ las grandes cuestiones a las que se enfrenta en ser humano. ¿Pero es suficiente la razón? ¿Y cuáles son, además, esas grandes preguntas? Elegirlas es ya de por sí una cuestión filosófica. Veamos algunas como punto de partida:

  • ¿Qué es la vida? ¿Cuál es su sentido o propósito?
  • ¿Hay vida más allá de la muerte?
  • ¿Qué está detrás de nuestra conciencia? ¿Podríamos estar ahora formando parte de otro individuo?
  • ¿Hay un propósito en la vida que no sea ser feliz? ¿Qué es ser feliz? ¿Se puede ser feliz estando solo? ¿Se puede ser verdaderamente feliz sin haber experimentado la tristeza? ¿Es posible buscar continuamente la felicidad?
  • ¿Cómo sería el mundo si todas las personas tuvieran la misma opinión? ¿Por qué consideramos locura aquel tipo de pensamiento que no coincide con el nuestro?
  • ¿Qué nos hace seres humanos?
  • ¿Qué define a una persona, sus pensamientos o sus acciones? ¿Las emociones determinan los pensamientos o es al revés?
  • ¿Qué es el amor? ¿Existen las almas gemelas?
  • ¿Qué es el arte?
  • ¿Existe el destino? ¿La suerte? ¿Tenemos una hora y fecha de muerte?
  • ¿Qué está bien y qué está mal? ¿Qué es la libertad? ¿Es posible? ¿Existe el karma? ¿El ser humano actúa por restricción o por cuestión de moral?
  • ¿Qué es el tiempo? ¿Existe o es solo una percepción?
  • ¿Es el universo infinito? ¿Hay algo que sea eterno? ¿Qué habría después de que el universo acabe? ¿Qué es la nada?
  • ¿Existe Dios? Y si existe, ¿quién lo creó? ¿ Por qué el ser humano necesita algo o alguien en lo que creer? ¿Existen el cielo y el infierno?
  • ¿Sería posible conseguir un mundo perfecto? ¿Cuál es el objetivo de la humanidad?
  • ¿El egoísmo es bueno o malo? ¿Es malo ser conformista? ¿Existen cosas que sean realmente imposibles?

De entrada vemos que muchas personas se hacen algunas de esas preguntas antes de saber que son filosóficas. Eso es lo que justifica que a veces se diga que 'todo el mundo filosofa' o que 'todo el mundo tiene su filosofía'. La imposibilidad de responderlas hace que generalmente evitemos darles demasiada importancia, es más útil centrarnos en cosas prácticas, parece que no tiene sentido complicarnos la vida con la filosofía. Es una opción, pero antes de tomar una decisión rápida sobre estas preguntas y nuestra manera de abordarlas debemos tener en cuenta lo siguiente:

  • Son preguntas sin respuesta. Si hubiese alguna forma de resolverlas muchas de ellas se convertirían en preguntas científicas. Eso puede ocurrir con alguna de ellas, pero muchas otras son preguntas que la ciencia jamás podrá responder. Eso no significa debamos desatenderlas. Son preguntas que por alguna razón no podemos dejar de hacernos. Nuestra curiosidad natural nos arrastra hacia ellas. De alguna manera hacen que integremos el misterio propio de lo insoluble en la vivencia de nuestros días. Son preguntas importantes que no debemos despachar con una simple ‘opinión’. Que sean problemas sin solución o, mejor, preguntas que puedan tener varias respuestas, no significa que de igual optar por una o por otra.
  • Son preguntas que nos cambian la vida. Las preguntas filosóficas son preguntas importantes, de algún modo nos atañen a todos. Sin las mismas parece difícil que alguien pueda ser capaz de encontrar por sí mismo su lugar en el mundo. Las grandes preguntas o grandes temas no los planteamos solamente porque sean interesantes de por sí o porque nos enriquezcan intelectualmente. Nos sirven para definir nuestro proyecto de vida. Nos construyen como personas. Son preguntas que nos obligan a posicionarnos, a tomar decisiones sobre las mismas, a dar una respuesta u otra abriendo un camino en el que nadie puede tomar esas decisiones por nosotros. Son preguntas que nos definen de dos maneras: (a) por las respuestas que damos y, sobre todo, (b) por el camino personal que se abre gracias a esas respuestas. Las preguntas importantes no tienen que ver tanto con el conocimiento de hechos como con el intento de aclararnos en cuestiones acerca de los valores que determinan nuestra existencia personal. Por eso es frecuente asociar la filosofía al intento de dar 'sentido' a nuestra vida.
  • Son preguntas que amplían nuestro mundo. Los grandes temas y/o preguntas suelen tener relación entre sí. Si intentamos analizar el sentido de la vida, por ejemplo, no nos podemos quedar en una definición meramente ‘biológica’ sino que tenemos que al ser humano la vida se le presenta marcada por experiencias que parece que no pueden encuadrarse dentro de ninguna de esas tres funciones (el amor más allá de la reproducción, la experiencia de la belleza, el miedo a la muerte, etc.). Al final descubrimos que todo está relacionado y que una pregunta nos lleva a otra en un proceso en el que nuestra vida se asienta sobre un territorio de cuestiones cada vez más amplio.
  • Son preguntas que nos acercan a los demás. Nuestra vida o existencia individual no es una cuestión privada. Su sentido es algo que de alguna manera buscamos todos, incluso cuando decimos que la vida no tiene sentido. Por eso la filosofía es algo que nos hace compartir algo profundo, incuso cuando no encontramos respuestas. Eso nos hace más humanos y cambia nuestra forma de relacionarnos con los demás y con el mundo. En la medida en que compartimos eso con los demás, los vínculos que desarrollamos con otras personas gracias a la filosofía son más significativos y profundos.
  • Son preguntas que tienen un valor social. Además, aunque la filosofía no ha dado una respuesta final a ninguna gran pregunta, en ocasiones ha contribuido a dar argumentos a partir de los cuales nos hemos puesto de acuerdo y hemos llegado a alcanzar un consenso beneficioso para la sociedad (en temas de justicia, por ejemplo).

Conocimiento y sabiduría

Lo racional. Las preguntas filosóficas no son solo una cuestión 'mental'. Uno de los grandes malentendidos es creer que la filosofía es pensar simplemente pensar o, peor, pensar 'en exceso'. Como las preguntas filosóficas no tienen respuesta, nuestra forma de guiarnos en ellas muchas veces es emocional. Buscamos respuestas que no son tanto correctas como buenas o bellas. Cuando se trata de definir el sentido de la vida, por ejemplo, no buscamos una verdad científica sino algo que resuenen dentro de nosotros, algo que nos construya como personas haciéndonos sentir, de alguna manera, que nuestra vida tiene más valor, más realidad. Pocas veces se trata de cuestiones que se dirimen mediante la lógica o el razonamiento. Por supuesto que el rigor intelectual es importante para la filosofía, pero dicho rigor no es más que una manera de profundizar en capas más profundas de nosotros mismos y de la realidad. El rigor amplía la amplitud de nuestro mundo mental sin encontrar respuestas definitivas a ninguna pregunta.

Es cierto que el origen de la filosofía suele situarse en el momento en el que el ser humano intentó enfrentarse por primera vez a cuestiones profundas con una mirada más rigurosa, buscando respuestas que pudiesen defenderse con argumentos. Eso es lo que justifica a veces la oposición entre 'mito' y 'logos'. Frente al mito, que es solo una creencia compartida, el discurso racional o 'logos' busca explicaciones causales, intenta ir más allá de la costumbre aportando argumentos que sean válidos para todos. Sin embargo, pese a que esta distinción es válida en muchas ocasiones, en la actualidad se cuestiona que exista una división tan estricta entre creencias y razones. Eso no significa que la ciencia tenga la misma validez que las supersticiones. De lo que se trata es de darnos cuenta de que no puede demostrarlo todo, para construir conocimiento debe dar por ciertas ciertas bases que no se cuestionan, como veremos en su momento. Un filósofo como Platón usa mitos para ilustrar sus reflexiones filosóficas. Debemos considerar que son una forma de ilustrar teorías racionales que no se quedan en el plano mítico, pero también hemos de reconocer que su postura relativa a las ideas y al alma tiene un carácter especulativo (es decir, que explora racionalmente posibilidades que están fuera de los límites de lo sensible) que le sitúa cerca de concepciones míticas o religiosas. La razón nos conduce a la ciencia, pero es por sí misma insuficiente para explorar todas las posibles respuestas sobre una cuestiones profundas (pensemos en el sentido de la vida, la existencia de Dios, o la naturaleza de lo real), por eso la imaginación en filosofía es algo tan importante como la misma razón y desde su afán por no aceptar imposiciones innecesarias ha habido filósofos que han defendido posturas que incluso pueden considerarse 'irracionalistas'. La imaginación y la sinrazón forman parte de esa actitud filosófica que está más cerca del arte que de la ciencia, sin que por ello dejemos de estar haciendo filosofía.

Sabiduría. En filosofía las respuestas son a veces algo secundario. La filosofía es una actividad mental que surge a partir de nuestra curiosidad y, por consiguiente, es inseparable de nuestra capacidad de hacer preguntas. De hecho, las preguntas son casi más importantes que las respuestas. Cuando analizamos etimológicamente el término 'filosofía' ( que significa algo así como 'amor a la sabiduría') la palabra griega sophía (σοφία) nos remite más a lo que es una sabiduría vital que a un conocimiento científico completamente fiable. ¿Qué es la sabiduría? En ocasiones se sitúa en la cumbre de una 'pirámide' con cuatro niveles.

La filosofía en su contexto

¿Cómo vamos a organizar los temas de nuestra asignatura? Hemos dicho que elegir las preguntas relevantes es en sí mismo una cuestión filosófica y, como tal, valdrían múltiples maneras de organizar los temas sobre los que tenemos que tratar durante el curso. Podríamos bloquearnos intentando decidir por dónde comenzar. Podría ser un proyecto interesante: diseñar una asignatura cuya principal misión fuese simplemente decidir el orden de las cosas que se van a tratar.

La filosofía en el contexto de su desarrollo y evolución. Sin embargo tomaremos otro camino. Hemos mencionado que la filosofía tuvo un origen. Eso en sí mismo es algo misterioso. La filosofía es algo que ocurre dentro del curso de la evolución de una especie natural. Es una forma de darse la vida en el universo. La filosofía no puede dejar de lado que es algo que ocurre dentro de un marco muy amplio, que tiene que encontrar su lugar dentro del ancho campo de la existencia, no una simple reflexión que surge en un lugar y un momento dado. Para ello intentaremos tener una visión general sobre lo que es la vida y la evolución de la misma.

Sistemas adaptativos

La evolución es una dinámica o mecanismo general que explica muchos cambios que se producen más allá del ámbito de las especies biológicas. Es un mecanismo de selección que se aplica a todo lo que debe cumplir con unos requerimientos o exigencias en una relación de dependencia con el entorno en el que se encuentra. Afecta a todo eso cuya supervivencia o continuidad depende de las condiciones circundantes. Pensemos en los productos, las empresas, las modas... hay una multitud de fenómenos sociales que evolucionan de manera similar a la de las especies. Hay quien considera que los sistemas adaptativos deberían ser el modelo de la ciencia del siglo XXI. El mecanismo evolutivo es uno de los diversos mecanismos clave en teoría de sistemas. Debemos estudiarlo en relación con el concepto de sistema y otras dinámicas propias de los sistemas.

Definición. Un sistema es una unidad un conjunto formado por partes identificables que se relacionan entre sí de una manera clara y estable, según ciertas reglas que garantizan el equilibrio o supervivencia del propio sistema.

Límites. Todo sistema está separado de alguna manera del exterior. Podemos distinguir entre sistemas aislados o cerrados (separados completamente del el exterior) y sistemas abiertos, en los que se produce un intercambio de materia o energía entre el exterior y el interior.

Todo sistema tiene unos límites que lo separan del exterior. En función de si esos límites dejan o no pasar algo se distingue entre sistemas abiertos y cerrados. Los más comunes son los sistemas abiertos. En termodinámica conviene distinguir: abierto (intercambia materia y energía), cerrado (intercambia energía, pero no materia) y aislado (idealmente no intercambia ni materia ni energía). Esto evita una confusión bastante habitual.

Subsistemas. Filosóficamente hablando, los sistemas no se encuentran todos en el mismo plano de lo real. Lo habitual es que estén ensamblados según diversos niveles de organización. Dicho de otro modo: los sistemas están formados por subsistemas. Un ejemplo claro lo tenemos en el cuerpo humano: está compuesto por órganos que son como subsistemas.

Funciones y equilibrio. Muchos sistemas poseen mecanismos que mantienen determinadas variables dentro de ciertos márgenes de estabilidad. Dentro de un sistema las relaciones deben conducir a una estabilidad, a una regularidad. Por eso podemos hablar de funciones. En muchos sistemas organizados, determinados componentes desempeñan funciones relativamente diferenciadas. Las distintas partes de un sistema de este tipo generalmente hacen siempre lo mismo, razón por la cual el organismo encuentra espontáneamente un equilibrio. Todo sistema tiene su punto de equilibrio.

  • Nota: Al subrayar el papel del equilibrio nos estamos centrando en los organismos vivos. Muchos sistemas dinámicos no tienden a un único equilibrio: pueden presentar oscilaciones, múltiples estados estables, ciclos, atractores o comportamiento caótico. En los seres vivos, además, resulta mejor hablar de estabilidad dinámica que de equilibrio.

Sistemas informáticos. La gran particularidad de los sistemas informáticos es que son sistemas abiertos en los que el intercambio de materia o energía con el exterior no se realiza tanto para cumplir unas funciones físicas o biológicas, sino que es objeto de un procesamiento en el que esa materia o energía cuenta como información. Esa característica les permite cumplir una función peculiar de los mismos: la función simbólica de representar algo cuya realidad no está en el propio sistema.

Ejemplo: teléfono móvil e imágenes digitales.

Retroalimentación

La retroalimentación es el proceso mediante el cual los resultados de una acción o proceso vuelven a influir sobre el propio sistema, modificando su comportamiento posterior. En los procesos de retroalimentación se establecen relaciones circulares entre las causas y sus efectos. Hay dos tipos fundamentales:

  • Positiva. Cuando amplifica o refuerza los cambios iniciales.
    • Ejemplo: Una publicación recibe muchas interacciones, el algoritmo la muestra a más personas y obtiene aún más interacciones.
  • Negativa. Cuando tiende a reducirlos y favorecer la estabilidad y el equilibrio (homeostasis).
    • Ejemplos: (1) En un ecosistema, si aumenta la población de depredadores, disminuye la de presas; al haber menos alimento, luego también disminuyen los depredadores. (2) Termostato

La retroalimentación permite comprender cómo los sistemas se regulan, se adaptan y evolucionan a lo largo del tiempo. Positiva = amplificación de una desviación; negativa = contrarrestar una desviación, no significan beneficioso y perjudicial.

Emergencia

Definición. Se habla de emergencia cuando surge un nivel de organización que parece superar o no ser previsible a partir de la simple observación de las partes del sistema y las reglas que determinan sus relaciones. Aparecen propiedades del conjunto que no poseen aisladamente sus componentes y que dependen de su organización e interacción.

Ejemplos. Un ejemplo típico es el pensamiento, los fenómenos mentales que surgen de la base biológica puesta por el cerebro. No hay nada en la configuración bioquímica de las redes neuronales que sugiera ninguna de las características de los actos mentales. Se trata de niveles entre los que no es posible establecer más que una aproximada ubicación local de ciertos procesos a través de los distintos dispositivos de detección de la actividad cerebral. Pero localizar una zona del cerebro asociada a cierta función psíquica no explica los mecanismos reales por los que la actividad de las células nerviosas se convierte en experiencia consciente.

Otro ejemplo clásico sería la emergencia de las diversas dinámicas sociales a partir del comportamiento individual. Pensemos en una especie de hormigas. El cerebro de la hormiga no tiene una comprensión clara de la organización social de la que forma parta, simplemente ha heredado unas pautas o patrones de comportamiento que se actualizan, se realizan, cuando está en un contexto determinado, reaccionando a estímulos del ambiente. Ese conjunto de circunstancias ambientales, junto con la configuración neuronal propia de cada individuo, da lugar a un comportamiento social cuya estructura, cuyas características esenciales no se encuentran en ninguna parte.

Vídeo: (a) El juego de la vida de Conway.

Multicausalidad y complejidad

Complejidad. Se habla de complejidad ante la presencia de múltiples elementos interrelacionados cuyas interacciones generan comportamientos que no pueden explicarse únicamente a partir de las características de cada componente por separado. No se producen causas y efectos según esquemas lineales bien definidos. Por eso, en muchos sistemas complejos causas pequeñas pueden tener grandes efectos y causas grandes efectos pequeños, porque las relaciones no tienen por qué ser proporcionales.

Los sistemas complejos se caracterizan por la interdependencia, la retroalimentación, la adaptación y la emergencia, de modo que pequeñas modificaciones en una parte pueden producir efectos significativos en el conjunto. Por ello, comprender un sistema complejo implica analizar no solo sus elementos, sino también las relaciones, dinámicas y procesos que los conectan y que permiten la aparición de propiedades nuevas a nivel global.

Ejemplos: teoría del caos, efecto mariposa...

Multicausalidad. Cuando no hay una sola causa que provoque o explique ciertos fenómenos. 

- Ejemplo: bajo rendimiento escolar.

La vida y su evolución

En términos científicos, la vida se basa en procesos bioquímicos y estructuras celulares que permiten la existencia y persistencia de organismos. Así, La vida es un fenómeno biológico caracterizado por la capacidad de crecimiento, reproducción, adaptación al entorno y respuesta a estímulos. La adaptación al entorno implica que las especies no son realidades estáticas. Varían a lo largo del tiempo. La teoría evolutiva, propuesta principalmente por Charles Darwin en el siglo XIX, postula que las especies cambian a lo largo del tiempo a través de procesos como la selección natural y la herencia genética. La selección natural favorece la supervivencia de los individuos con características beneficiosas para su entorno, lo que conduce a cambios en la población a lo largo de sucesivas generaciones. La herencia genética asegura que las características exitosas se transmitan a la descendencia. La teoría evolutiva es un marco fundamental en la biología que explica la diversidad de la vida en la Tierra.

La vida es un conjunto de características y procesos que distinguen a los seres vivos de la materia inerte. Los seres vivos nacen, crecen, se reproducen, responden a estímulos del entorno y tienen la capacidad de evolucionar a lo largo del tiempo.

Células. Desde el punto de vista biológico, la vida se basa en la existencia de células, que son las unidades fundamentales de todos los organismos. Estas células llevan a cabo funciones esenciales como el metabolismo (procesos químicos que permiten obtener y usar energía) y la homeostasis (capacidad de mantener un equilibrio interno estable).

Además, la vida está fundamentada en la información genética almacenada en el ADN, que permite la transmisión de características de una generación a otra. Desde una perspectiva más amplia, la vida es un fenómeno complejo que depende de la interacción entre la química, la física y la biología, y su origen y desarrollo han sido moldeados por la evolución a lo largo de miles de millones de años. En este punto, antes de continuar con detalle el proceso evolutivo que conduce a la aparición de la especie humana, debemos explicar en qué consiste la evolución, deteniéndonos en las principales teorías que condujeron a la que predomina en la actualidad, la teoría sintética.

Autopoiesis y homeostasis. Antes de ver las teorías de la evolución más interesantes veremos debemos tener en cuenta dos de las características fundamentales de los organismos vivos:

  • Autopoiesis. La autopoiesis es un concepto formulado por Humberto Maturana y Francisco Varela que describe a los sistemas vivos como redes capaces de producirse y mantenerse a sí mismas, regenerando continuamente sus componentes y preservando su organización. En el plano filosófico, implica que los seres vivos son autónomos y cerrados operativamente, lo que cuestiona visiones mecanicistas y refuerza una comprensión relacional del conocimiento: conocer no es reflejar una realidad externa, sino construirla desde la interacción del organismo con su entorno.
  • Homeostasis. La homeostasis es la capacidad de un organismo para mantener relativamente estables sus condiciones internas frente a cambios del entorno. Es una característica fundamental de los seres vivos porque permite regular variables como la temperatura, el agua, el pH o la concentración de sustancias, manteniendo las condiciones necesarias para que los procesos vitales funcionen correctamente.

Lamarck

En 1809 Lamarck publicó su Filosofía zoológica, donde expone su visión de cómo había tenido lugar la evolución de las especies. Su teoría recibe el nombre de 'transformismo':

1. La función crea el órgano Los animales pueden transformarse a lo largo de su vida debido a sus costumbres o modos de vida. En un animal que esté creciendo o en formación, el uso continuado y frecuente de un órgano provoca el fortalecimiento de dicho órgano, lo desarrolla y/o aumenta su tamaño. Por su parte, el desuso de un órgano lo debilita poco a poco, lo deteriora hasta que termina atrofiándose y desapareciendo. No son los órganos los que determinan el comportamiento y la forma de vida posible de un organismo, sino que son las acciones las que condicionan al órgano, pudiendo incluso provocar su aparición si es necesario. Para Lamarck, primero es la actividad y después es el soporte material y orgánico de la misma. Un organismo no puede prever las circunstancias (variaciones en el medio) que van a presentarse a lo largo de su vida ni, por tanto, las necesidades que se derivan de las mismas. El medio es variable e imprevisible (sequías, catástrofes, etc.) y resulta conveniente que los organismos posean una ‘ductilidad’ especial. Pero eso no es suficiente para explicar la evolución de las especies. Los caracteres adquiridos deben heredarse.

2. La herencia de los caracteres adquiridos. Si los caracteres adquiridos no se heredasen no habría ningún tipo de evolución. Por eso Lamarck considera que una vez que el uso o el desuso ha transformado alguna parte del cuerpo de un ser vivo los cambios (o caracteres adquiridos) pueden pasar por herencia a sus descendientes que, a su vez, seguirán sometidos a la misma dinámica evolutiva. Así, las pequeñas modificaciones se irán acumulando al ser trasmitidas de generación en generación.

Hasta principios del siglo XX no se empezó a desarrollar la genética, de manera que las ideas de Lamarck aún seguían presentes en el ambiente; incluso, como tendremos oportunidad de ver, se pueden descubrir atisbos de lamarckismo en Darwin. Pero la herencia de los caracteres adquiridos (el fenotipo), está descartada por la genética moderna. La información genética se transmite solo desde el material genético de las células hacia la constitución del organismo vivo. Nunca en sentido contrario.

3. Tendencia a la complejidad. Lamarck defendió también la existencia de cierto progreso en la evolución: la naturaleza comenzaba desde los seres más imperfectos y simples, e iba dando lugar a seres más perfectos, complicando gradualmente la organización de los seres vivos. Aquí hay una diferencia importante entre Lamarck y Darwin. Darwin rechazó la idea de que la evolución marcha hacia un cierto progreso.

Dificultades y críticas. La teoría de las transformaciones adaptativas heredadas no es suficiente para justificar el progreso en la evolución. Por mucho que los seres vivos se tuvieran que esforzar para adaptar sus cuerpos a los medios cambiantes, eso no justificaba que los seres vivos, a lo largo de todo ese proceso, se tuvieran que ir haciendo cada vez más y más complejos, con más funciones y más sofisticaciones; más bien incluso todo lo contrario: los seres vivos más simples serían los que menos problemas tendrían para adaptarse a medios muy variables, y en ellos se detendría la evolución, ante la falta de necesidad de transformarse. Así, Lamarck se vio obligado a añadir a su teoría la idea de que la naturaleza, per se, va produciendo cada vez organismos más complejos; Lamarck no explicó nunca cual era el motivo de esa tendencia perfectiva.

Una dificultad que hizo notar Darwin es que las adaptaciones de los animales a las condiciones de su medio eran en ocasiones tan sorprendentes y tan eficaces que difícilmente se podía pensar en que se debían a una necesidad que le había surgido al organismo en el desenvolvimiento de su vida.

De manera que, en definitiva, la evolución se explicaba en Lamarck por dos elementos que actuaban juntos: a) tendencia a la complejización y perfeccionamiento de los organismo; y b) modificaciones adaptativas de esos organismo sucesivamente más complejos a distintos medios.

Relevancia actual. Ingeniosa y sencilla, la teoría de Lamarck no tuvo éxito, y hoy no tiene más importancia que la de ser un precursor o antecedente de las teorías evolucionistas posteriores. Jacques Monod indicó que el problema de la teoría de Lamarck es que no deja lugar al azar, en ella todo es necesidad. Si aparece alguna característica nueva en un individuo, es porque ‘la necesita’, y no porque azarosamente haya aparecido. Sin embargo, visto desde otro punto de vista, si se puede considerar que hay azar en la teoría de Lamarck: el azar de la variabilidad de las condiciones ambientales a las que se tiene que enfrentar el ser vivo a lo largo de su vida individual.

Pero aunque el lamarckismo ‘clásico’ se considera incorrecto como explicación general de la evolución, la epigenética ha mostrado que ciertos factores ambientales, como la alimentación o el estrés, pueden producir modificaciones en la regulación de los genes que, en algunos casos, persisten durante varias generaciones. También existe una evolución de tipo ‘lamarckiano’ en fenómenos culturales, donde los aprendizajes adquiridos durante la vida —técnicas, hábitos, lenguaje— pueden transmitirse directamente a la siguiente generación. Por ello, Lamarck no ha sido rehabilitado como alternativa a Darwin, pero algunas intuiciones suyas resultan útiles para pensar formas de herencia distintas de la transmisión genética estricta.

Darwin y la TSE

El evolucionismo de Darwin. La vida del joven Charles Darwin (1809-1882) iba a cambiar radicalmente cuando, tras intentar estudiar medicina, se embarcó en el Beagle con 22 años. El barco zarpó de Devonport el 27 de diciembre de 1831, y regresó a Falmouth el 2 de octubre de 1836, tras cinco años de viaje científico alrededor del mundo. Darwin nos dejó una vívida narración de su aventura en Viaje de un naturalista alrededor del mundo. En este viaje Darwin llevó consigo numerosos libros, entre los que estaban los Principios de geología de Lyell, que sostenía que la geología de la tierra en el pasado tenía que explicarse conforme a los mismos fenómenos de la geología de la tierra actual (volcanes, aluviones, lluvias, vientos, terremotos,...). A su regreso, Darwin continuó su trabajo, pero seguía sin encontrar la clave para una teoría de la evolución. Fue al leer los escritos de Malthus sobre la población cuando encontró la pieza que le faltaba. De ellos sacó la idea de lucha por la supervivencia. Se trataba de ver que la idea pesimista de la dificultad extrema para conservarse con vida, y de la escasez de recursos en el medio son los motores de un proceso de selección. Sin embargo, no podemos decir que Darwin fuese el único que tenía en mente una nueva concepción de la evolución de las especies. En el verano de 1858, Alfred Russell Wallace (1823-1913), un joven naturalista, le envió desde las islas Molucas un ensayo titulado Sobre la tendencia de las variedades a separarse indefinidamente del tipo original. En ese ensayo proponía una teoría semejante a la que el propio Darwin había estado pensando, aunque sin comunicarla todavía. Temiendo que Wallace se le pudiera adelantar, y bajo la presión de Lyell y del botánico Joseph D. Hooker, Darwin publicó en las Actas de la sociedad linneana de Londres, el ensayo de Wallace, y un resumen de sus propias ideas, junto con una carta dirigida al botánico norteamericano Asa Gray, del 5 de septiembre de 1857, para probar que el había pensado esas ideas antes que Wallace. En 1859, Darwin entregó a la imprenta el trabajo que había estado realizando hasta ese momento: El origen de las especies mediante la selección natural. El éxito fue fulminante. Los 1250 ejemplares de la primera edición se agotaron el mismo día que se puso a la venta. La polémica vendría cuando se sugirió la aplicación de la teoría al ser humano, como último eslabón del árbol de los simios. Los puntos fundamentales de la teoría de Darwin serían los siguientes:

  1. Rechaza la teoría de Lamarck. Los individuos no tienen un papel activo en el proceso de evolución. Lo que hagan o dejen de hacer no influye en los cambios morfológicos que pueda sufrir esa especie en sucesivas generaciones.
    1. Hay una lucha por la supervivencia. Para Darwin los recursos que ofrece el medio para sobrevivir son escasos. En casi todas las especies el número de individuos que sobreviven y llegan a la edad reproductora es pequeño en comparación con el número de inviduos nacidos. Hay una destrucción masiva de la mayoría de los seres vivos nacidos, esto supone que existe una presión natural sobre los seres vivos (similar a la que artificialmente ejerce un criador para seleccionar aquellas variantes que le resultan útiles).
  2. Todos los individuos son diferentes (con la excepción de los gemelos univitelinos), sus diferencias se producen modificaciones aleatorias, por azar, y se trasmiten de generación en generación. Darwin estaba trabajando sin una teoría de herencia o de genética. Podía haber llegado a conocer las ideas de Mendel, ya que se publicaron en 1865, pero Mendel y sus guisantes habían pasado completamente desapercibidos para la comunidad científica y Darwin no conocía dichas ideas.
  3. Selección natural. La continua presencia de pequeñas variaciones entre individuos, junto con la continua presión de la escasez del medio, da lugar a largo plazo a una selección natural de aquellas variaciones que se han demostrado más útiles para supervivencia en ese entorno. La idea de que los individuos débiles son eliminados no era nueva; autores como Patrick Matthew y Edward Blyth la habían propuesto, pero para ellos se trataba de una mera fuerza negativa, de eliminación de los débiles y malos, mientras que ahora para Darwin y Wallace, esa eliminación se presentaba con una consecuencia positiva, la capacidad adaptativa de las especies.
  4. Aspectos teleológicos. La evolución no tiene propósito, no sigue un fin preestablecido ni se dirige de hacia ninguna perfección, es solo un mecanismo que facilita la supervivencia de una especie en su entorno. Y las especies que lo consiguen son igualmente perfectas, están adaptadas a su entorno igual de bien. No hay ‘cambio a mejor’, sino meramente ‘cambio’. De hecho, las bacterias podrían ser evolutivamente 'más perfectas' que los humanos por la habilidad que demuestran a sobrevivir en las más variadas condiciones.

Darwin nunca se deshizo en su teoría del todo de restos lamarckistas, pues pensaba que las variaciones que se producían en los individuos, si bien no habían sido provocadas por necesidades descubiertas por el individuo en su experiencia de vida en el medio ambiente, si que se producian por algún tipo de influencia del medio (y no, como ahora se piensa, por puras mutaciones al azar).

En el Origen de las especies, Darwin enumera cinco hechos que abogan a favor de su teoría. Son los siguientes:

  1. La crianza selectiva de animales y plantas. El ser humano ya venía combinando individuos con vistas a la creación de razas útiles al ser humano.
  2. La distribución geográfica de las variantes de las especies. Al llegar a las islas Galápagos, Darwin tenía claro que era necesario elaborar alguna teoría evolucionista; allí le llamaron la atención las diferencias mínimas en los picos de cierta especie de pinzones según las islas.
  3. Pruebas aportadas por las colecciones de fósiles que se empezaban a conocer en aquella época.
  4. La ‘afinidad recíproca entre los seres vivos’. La clasificación jerárquica arbórea sugería el conjunto de animales o plantas, clasificación que ponía en serios aprietos a los creacionistas.
  5. Embriología y los órganos rudimentarios: algunos órganos parecen ser vestigios: de acuerdo con las teorías de la evolución, estos órganos (como los diminutos huesos de miembros ocultos de las ballenas) son un ‘recuerdo’ o secuela de los miembros o patas que utilizaban para caminar sus antecesores terrestres.

Con ello quedaba consolidada una visión evolutiva de las especies. Darwin prefirió no introducir especulaciones sobre el ser humano en la obra. Pero las conclusiones estaban claras. Desde aquel momento ha habido dos cuestiones que han concentrado los debates y las investigaciones:

  1. Las objeciones creacionistas.
  2. Las fases evolutivas.

¿Se han extinguido todas las especies que nos precedieron en nuestra historia evolutiva? No resulta fácil responder a esta pregunta. Las especies que formaron la cadena estricta de ancestros directos de homo sapiens sí están extinguidas. Ningún antepasado directo —como Australopithecus afarensis, Homo habilis, Homo erectus, etc.— lo mismo ocurre con otras especies estrechamente emparentadas con nuestra línea (como los neandertales). Eso no impide que haya especies anteriores que de alguna manera sigan existiendo en la actualidad. La evolución funciona a través de procesos de ramificación, es decir, las nuevas especies surgen a través de grupos de individuos de una especie que quedan aislados y evolucionan por su cuenta. Si vemos el siguiente esquema, podemos entender este proceso de manera muy simplificada: De una especie A surge otra, B, que sigue evolucionando por su cuenta y da lugar (justo antes de extinguirse) a una tercera, C, que llega hasta la actualidad. Vemos que en el presente pueden coexistir dos especies emparentadas (A y C) incluso si las especies intermedias en la cadena evolutiva se han extinguido.

Coevolución

La coevolución es un proceso evolutivo en el que dos o más especies se influyen mutuamente en su evolución, de manera que los cambios evolutivos de una modifican las presiones selectivas que actúan sobre la otra.

Un ejemplo clásico es es de las flores y sus polinizadores. Imaginemos una planta cuyas flores son visitadas por determinados insectos:

  1. Algunos insectos tienen una pequeña ventaja para alcanzar el néctar de ciertas flores.
  2. Esos insectos polinizan más eficazmente esas plantas y dejan más descendencia.
  3. Las plantas que producen flores que facilitan la visita de esos insectos también tienen mayor éxito reproductivo.
  4. A lo largo de muchas generaciones, el insecto y la planta pueden adquirir características cada vez más ajustadas entre sí.

El resultado puede parecer una especie de «adaptación mutua», aunque no existe una intención consciente.

Otro caso interesante es la relación entre depredadores y presas: Si una especie de gacelas aumenta su velocidad también puede aumentar la de sus depredadores. Si una especie adquiere dotes de camuflaje sus depredadores pueden adquirir una mayor capacidad para detectar presas. Esto significa que un cambio evolutivo en una especie modifica el entorno selectivo de otras especie. La evolución de una afecte a la selección natural que experimenta la otra. Para hablar de coevolución debe existir una influencia evolutiva recíproca. Esto no siempre implica beneficio mutuo.

La coevolución introduce una idea muy potente en biología: el ambiente evolutivo de una especie no está constituido únicamente por el clima, el suelo o los recursos físicos; también está constituido por los otros organismos con los que interactúa.